Blog de cuentosdecueva

Día de Reyes

Escrito por cuentosdecueva 11-01-2020 en Reto. Comentarios (0)

Reto se ajusta el cuello de la camisa, no le aprieta tanto como aire le falta. 

Al llegar la castillo, le han recibido pajes y criados, que le han ido guiando de recepción en recepción. De criado en criado subiendo en el escalafones y categorías, desde pajes a mayordomos, pasando por cientos de cargos intermedios. Ridículos y estirados, arreglados y pretenciosos, son una sombra en comparación a la ridiculez y estiramiento de aquellos a quienes sirven. 

Las salas con muebles tallados, donde esperan impacientes personajes de distintas alcurnias. Reto se da cuenta de que van siendo clasificados por los criados y las personas con trajes más "elegantes" llegan a salas más "elegantes".  El no la lleva. Sí, su chaqueta es de buena calidad y su pantalón no ha visto demasiado uso, pero desde luego no debería haber pasado de la primera sala. La gente también se da cuenta. Reto intenta no mirar a nadie a los ojos.

Llegan por fin a la última recepción. Las celosías tienen pan de oro, los espejos tienen elaboradas decoraciones que recuerdan a hojas en imposibles posiciones. Las mesitas resplandecen de lustradas y las lámparas tienen más trabajo de fabricación que muchas casas que ha visto de camino a allí. Entonces abren las puertas dobles que dan al gran baile. La sala anterior no puede hacer sombra a la majestuosidad que hay más allá.

Las proporciones de la sala no están bien. La música consigue por milagro y esfuerzo de los músicos, llenar la mayor parte de la sala. Los vestidos son enormes y aun así no lo parecen pues las paredes están tan alejadas que por suerte un ejército de sirvientes con bandejas con comidas y bebidas impiden que la gente desfallezca al intentar ir de un lugar a otro, como quien buscara agua en el desierto de no ser así. En los techos se intuyen frescos, pero para estar seguro de ellos se requeriría una vista mejor que la que tiene Reto. Traga y cierra la boca como puede. Entra en la sala.

Camina por ella al principio sin rumbo. Pasa una mesa larga, cuya profusión de patas impide que se venga abajo por el peso de la cantidad de paquetes que sostiene. Grandes y pequeños, envueltos en papeles de miles de colores y dibujos. Lazos y estampados, saltan a la vista y le hacen daño. Contiene la lágrima como puede. Todo invitado ha traído algo. Él no, no ha sido invitado. Él ha sido convocado, es distinto.

Sigue bordeando la inmensidad de pista de baile y cuando las piernas le tiemblan, por fin ve acercarse su meta y destino. Allí al fondo está la tarima y los tapices más elaborados, para recubrir el suelo y paredes del fondo de dos tronos regiamente decorados, como debe ser. Allí le esperan, las dos figuras en cuyas manos están el destino de todos los allí presentes. De todos los habitantes del reino y de algunos más. Podrían mandar cualquier cosa por disparatada que fuera y serían obedecidos, sin una vacilación ni segundo pensamiento. Éstos eran los reyes y éstos eran sus días.

El baile

Escrito por cuentosdecueva 04-01-2020 en Reto. Comentarios (0)

La plaza engalanada. Guirnaldas y cintas cubren la calle adoquinada. Puesto de comida, de juguetes, de pulseras y joyas, la madera pintada. Los balcones llenos de flores. El día despejado, no hay sombras en los corazones.

El grupo toca, y llena el espacio de la música. Violines y cajas, flautas y panderetas. Los pies se inquietan. Uno mueve a otro, la calle no espera. Al rededor de la fuente, el público desenfrena. Vueltas y vueltas al lugar. La fiesta acaba de empezar. Vueltas, vueltas al compás, los niños empiezan a chillar. Alegría y baile, sin parar, hasta al sol hacer acostar. Fiesta, fiesta, sin disimulo, que todo el mundo mueva el culo.

Pronto la comida corre y la bebida también. Las voces suben y la alegría también. Y todo el mundo olvida los problemas que pudiera tener y los padecimientos de ayer. Hoy es día de la fiesta y mientras camina dejándola atrás, siente como al subir por las callejuelas estrechas. Al pasar por escaleras y ascender por la ciudad, toda esa alegría queda allí. Ante él se alza el castillo, todavía queda para llegar y ya nota el bocado en el estómago. Allí el baile es distinto. Elaborado, medido, estudiado. La pompa y el boato. Las guirnaldas se sustituirán por lámparas recargadas. Por celosías doradas y espejos en las paredes. Suelos lustrados por sirvientes de rodillas, para ver el reflejo de trajes majestuosos y pesados.

Aún queda para llegar, pero el baile ya ha empezado. 

Reto, arregla su chaqueta y alisa su pelo como puede. Daría lo que fuera por no seguir andando, por no seguir subiendo. Por volver a la plaza y a la fuente, a la comida que alegra y a saltar y reír. Reto sigue subiendo, el castillo no espera, la danza aguarda. 


El clérigo

Escrito por cuentosdecueva 05-11-2019 en Perdido. Comentarios (0)

El clérigo camina lento. Descalzos los pies, raído el hábito. Murmura y pasa las cuentas. Arcos de piedra cubren su cabeza, lozas negras muerden sus pies.

Cabizbajo a la plaza llega. Y comienza su letanía. Se enciende, la fe le ilumina. Se transforma en la voz de los dioses. Llena todos los oídos, hasta el otro lado llega sus plegarias, su devoción emociona a todos los creyentes y algunos que no lo son.

Termina y la luz abandona la plaza y el mundo vuelve a ser el lugar gris de antes. El mendigo vuelve a pasar hambre, el mercader vuelve a buscar cambio, el noble vuelve a su hacienda.

El clérigo se retira. Pequeño e insignificante, cuánto más podría hacer si realmente creyera en lo que predica.

Nunca jamás

Escrito por cuentosdecueva 04-11-2019 en Perdido. Comentarios (0)

Tic, toc. El tiempo se acerca. Bajo la superficie te acecha. Dientes en sierra.

Tic, toc. El barco te mece. El sueño no vence. Años sin descanso, la obsesión te estremece.

Tic, toc. La mano te pica. No la mano, donde estaba la mano, te pica.

Tic, toc. Ya llega. Espera el momento. Apunten los cañones, señor Smith. Pan, se acabó. Libre al fin. Nunca jamás.

Nadar

Escrito por cuentosdecueva 03-11-2019 en Abismal. Comentarios (0)

Arena se posa, forma de olas. Reflejo de las de arriba, en espuma cristaliza. Luces danzan y acarician, burbujas levitan. Negrura en la lejanía. Azul y negro. 

Ni un sonido se percibe. Y por cada brazada, el paisaje avanza a tu espalda, pero nada cambia ante ti. En las mareas te abrasa, el océano te acoge. Y cada uno de tus pensamientos se mece, se diluye, se olvida. Tocas el fondo y la arena sube y baila en tu mano. Flotas y respiras agua.

Danzan por tu vera, un banco de peces. Escamas contentas. Cosquillas inquietas. 

Un gran blanco les sigue. Fuerza y miedo. Dientes y hambre. Coral blanco y muerto, regado de sangre.